Caminar bajo su manto cuando es ligera (y a veces cuando no lo es). Mirar a través de mi ventana como cae de noche (o de día).
Mirar como resbala en el vidrio.
Los vidrios empañados.
Escuchar como golpea el pavimento.
Su frescura.
El olor de la tierra mojada.
El olor de las plantas.
Los árboles, las flores.
El cielo gris de día, rojo de noche.
La quietud de todo, menos del aire y la lluvia.
El sonido de los chimes de los vecinos agitándose.
Los pájaros que se animan a seguir cantando.
Tomar café.
Leer un libro.
Escribir.
Escuchar música tranquila.
La soledad.
La buena compañía.
Pensar.
No pensar.
Asustarme con los relámpagos.
Soñar que cae sobre el océano mientras desaparezco en él.
Los charcos e incluso el lodo.
La ciudad.
El campo.
Los perros escondidos bajo los autos.
Los besos bajo la lluvia.
El amor en la luvia.
Llegar a la casa empapada.
El color del mundo cuando termina.







